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El juego es indispensable para el desarrollo emocional infantil

Jugar es indispensable para el desarrollo emocional infantilTodavía me recuerdo jugando en San Miguel, en la calle, con hojas de plantas, con los iturris en el suelo, al trukemé, al inke con un hierro en el barro los inviernos, en los árboles, en el parque, a la comba, a la goma las noches de verano, en la campa…. y un sinfín.

Por eso cuando vi este artículo me dije «lo pongo». Os dejo con el. 

Desafortunadamente, el juego libre y espontaneo está siendo reemplazado por juegos electrónicos.

La tecnología ofrece tal variedad de entretenimiento que en los últimos años los niños han dejado de jugar de manera espontánea.

También están las múltiples clases después de horas escolares, que igualmente los mantienen ocupados sin posibilidades de jugar. Nuestros niños están programados para hacer algo estructurado por otros en todo momento.

El juego es mucho más que un pasatiempo. Es una actividad que promueve sanidad mental, creatividad, y es la precursora del desarrollo de las habilidades sociales. El juego espontáneo le permite al niño aprender a trabajar en equipo, a compartir, a negociar y a resolver conflictos.

Es necesario que los niños jueguen, pero no en máquinas o con máquinas, sino con otros niños. El juego imaginario no solo es normal sino crucial para que aprenda muchas cosas sobre sí mismo y pueda proyectar sus emociones sin restricciones. Los niños pequeños con amigos imaginarios no están haciendo algo indebido, ni son tímidos, son por el contrario bastante creativos inventando escenarios y situaciones al igual que personajes que muchas veces les ayudan a vencer temores.

Muchos padres menosprecian el juego, pues lo ven como una pérdida de tiempo. Nada más alejado de la realidad. Por el contrario, un niño que no desea jugar al doctor o al papá y a la mamá o al colegio es un niño que nos debe preocupar. No pasa nada si un niño o niña quiere jugar con sus muñecos hasta los 8 o 10 años. Seguramente, psicológicamente lo necesita.

Debemos respetar el juego de nuestros hijos. Ojalá pudieran tener tiempo diario, alrededor de una hora, para el juego espontáneo o imaginario. Los niños en edad preescolar sí que se benefician de esta actividad.

No introduzcan los computadores en la vida de sus hijos hasta que sepan leer y escribir. No los deje aislarse por horas en un videojuego. Esto se puede volver adictivo y poco aporta. Los años que pasan los niños jugando les dejarán beneficios sociopsicológicos esenciales para conocerse bien y aprender a socializar. Entre más complejo e imaginativo sea el juego, mejor.

Ya vendrán años para estudiar, jugar con reglas estrictas, etc. En la infancia, permítales ser niños felices, es decir, niños que aprendan jugando. Los beneficios del juego imaginario, espontáneo y organizado por los niños han sido comprobados por miles de estudios de gran rigurosidad científica, y son altamente deseables.

Todos concluyen que el juego es un mecanismo con el cual nace el niño y le permite divertirse y con el tiempo volverse más sociable, más creativo y, sobre todo, más feliz.

Annie de Acevedo
Psicóloga y educadora

Redactado en Eltiempo.com

No hablar por exceso de ansiedad: el mutismo selectivo

Ante situaciones estresantes, algunos niños se bloquean y no hablan, aunque entienden lo que se les dice

Imagen: Melissa Wiese

La característica fundamental del trastorno conocido como mutismo selectivo es que un niño que ha adquirido el lenguaje oral, y que en general lo emplea de manera correcta, se siente incapaz de hablar en situaciones sociales en las que sería esperable. Esta ausencia de habla, además, interfiere de forma negativa en su vida social o en su rendimiento escolar. En las situaciones en las que se bloquea, el niño comprende lo que se le dice e, incluso, puede asentir o negar con la cabeza. Pero no habla. Sigue leyendo

Corazón más fuerte tras tres meses de lactancia

  • El riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares se reduce un 6% en los niños amamantados, según un estudio publicado esta semana
  • Esto lo convierte en un factor más importante que la obesidad en el control de estas patologías
Foto cedida por Sai, con Rosana - 5-3-2005

Sai y Rosana - tomada por Itziar Blanco 5/3/2005

Tres meses de lactancia y un corazón más fuerte. Este es el resultado que se extrae de un estudio publicado esta semana en dos revistas americanas y en el que han colaborado tres expertos españoles. Si un bebé es amamantado durante sus tres primeros meses de vida, su riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares se reduce un 6%. Esto lo convierte en un factor más importante que la obesidad en el control de estas patologías. Además, los niños lactantes presentan mejores valores en capacidad aeróbica, niveles de colesterol, inflamación o presión sistólica.

La investigación, que ha contado con la colaboración de personal médico sueco y estonio, ha realizado exámenes de salud a 1.025 niños de 9 y 10 años, y 971 adolescentes de 15 y 16 años en sus respectivos países. A sus madres se les ha preguntado si sus hijos habían sido exclusivamente alimentados mediante lactancia materna y, de haberlo hecho, durante cuánto tiempo. Asimismo, en estas pruebas, además de tomar talla y peso, se realizaron análisis de sangre en los que se detectaron los valores de inflamación o el fibrinógeno, cuya presencia se relaciona con una mayor coagulación de la sangre, lo que aumenta el riesgo de arterosclerosis, y, por último, se midió la capacidad aeróbica de los participantes mediante pruebas de esfuerzo, lo que se ha sabido recientemente que es una de las mejores formas de predecir la mortalidad.
En este estudio, promovido por el instituto Karolinska de Estocolmo, han participado Idoia Labayen, profesora de Nutrición en la Universidad del País Vasco, así como Jonatan Ruiz y Francisco Ortega, de la Universidad de Granada. Otra conclusión que ha querido destacar Labayen es que los beneficios máximos de la lactancia materna se alcanzan a los tres meses y apenas se aprecian diferencias si se ha continuado hasta los seis.
Otros beneficios
Los resultados, una vez más, han vuelto a resaltar los múltiples beneficios que reporta la leche materna, que posee un contenido de grasa relativamente alto comparada con la mayoría de los alimentos complementarios. Se convierte, por tanto, en una fuente clave de energía y ácidos grasos esenciales, que tienen una relación directa con el desarrollo cerebral de los niños y sigue siendo el alimento más completo desde el punto de vista nutricional. Además, hay que resaltar que cambia según la edad del bebé, según la hora del día e incluso a lo largo de una misma toma. Por algo la Organización Mundial de Salud (OMS) recomienda la lactancia exclusiva al menos durante los primeros seis meses de vida.
El niño lactante está más protegido frente a todo tipo de enfermedades respiratorias (catarros, bronquiolitis, neumonías, etc.), gastrointestinales y de tipo infeccioso, pero además ayuda a prevenir la diabetes de tipo 1 y la obesidad infantil. Estudios recientes, además, otorgan a la lactancia materna las propiedades de reducir el asma, la muerte súbita e incluso el estrés.

Los puzles potencian las habilidades espaciales

  • Las habilidades espaciales contribuyen a ser mejor en matemáticas y ciencia
  • El estudio se realizó en los hogares de 53 menores
         Quiere que su hijo sea ingeniero o matemático?: haga puzles con él. Investigadores estadounidenses publican un estudio que demuestra que los menores que dedican tiempo a los rompecabezas tienen más habilidades espaciales que los que se entretienen con otros juegos.

«La participación de los niños en este tipo de juego es una forma relativamente fácil y barata de pontenciar el desarrollo de un aspecto de la cognición que implica el éxito en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas», determinan los investigadores.

Susan Levine, del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago y autora principal del ensayo reconoce a ELMUNDO.es que una de las «implicaciones más importantes de la investigación es que constata que las habilidades espaciales son ‘moldeables’ y los padres pueden potenciar su desarrollo si juegan con sus hijos».

La inteligencia vioespacial se da en personas con gran capacidad para pensar en tres dimensiones. Además, permite percibir imágenes externas, recrearlas, transformarlas… Se relaciona también con la sensibildad de un individuo frente a las figuras, formas, líneas…

La doctora Levine y su equipo visitaron a 53 niños (de dos a cuatro años) y a sus padres en sus casas cada cuatro meses, a partir de que los menores tuvieran un año y dos meses. En cada visita, de 90 minutos de duración, las familias fueron grabadas en vídeo mientras realizaban sus actividades ordinarias.

A los padres no se les indicó que jugaran a un determinado juego, sino que pasaran su tiempo como de costumbre. Cuando los pequeños cumplieron los 54 meses completaron una serie de pruebas que ayudan a establecer las habilidades espaciales.

Los datos

Al examinar las grabaciones en vídeo de los padres que interactúan con los niños durante las actividades cotidianas, los investigadores encontraron que los que juegaban con puzles tenían mejores habilidades espaciales cuando se les evalúo a los 54 meses de edad.

«Los niños que hacen rompecabezas tenían más capacidad a la hora de transformar mentalmente (rotar o trasladar) formas que los que se entretenían con otros juegos», reconoce Susane Levine en el último ‘Developmental Science’.

Esta habilidad, es según la experta, «un importante predictor del desarrollo de capacidades para la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas».

Su estudio, el primero en observar la relación entre los puzzles y el desarrollo de las habilidades espaciales en un entorno natural, también tuvo en cuenta otros factores que podían alterar los resultados como el nivel socioeconómico de los padres, su educación y la forma de hablar a los hijos durante el juego.

Otros datos que apunta la investigación son que los padres «con más ingresos y mayor nivel de formación son los que más hacían puzles con sus hijos. Tanto los niños como las niñas que se entretenían con ellos tenían mejores habilidades espaciales, pero los chicos que ejecutaban rompecabezas más complicados que las chicas. Asimismo ellos obtuvieron mejor resultados en las tareas de transformación mental que ellas».

Lenguaje espacial

Destaca como significativo el hecho de que los progenitores que participan con sus hijos en la elaboración del puzle utilizan más a menudo el lenguaje espacial. Un ejemplo recogido en el estudio. «Madre con un hijo de 46 meses que interactúa con el mientras realizan un puzzle de 24 piezas. Yo creo que puede ponerse aquí sin embargo vamos a dejarlo. Se trata de una esquina. ¿Ves la forma…tiene dos extremos rectos? Se trata de una esquina…. Esto es recta. ¿Dónde crees que va la pieza recta va?».

Aunque los investigadores reconocen que se necesitan más estudios para determinar «si es este juego o el lenguaje que los niños reciben sobre los conceptos espaciales lo que potencia sus habilidades. También hay que establecer por qué hay una diferencia entre los sexos a la hora de ejecutar puzles más fáciles o difíciles».

Susane Levine reconoce que existen otros juegos que «también han demostrado su utilidad para potenciar las habilidades espaciales, como los de construcciones (lego) y ciertos juegos de ordenador como el Tetris».

Noticia de ElMundo.es 
P. Matey

El cerebro del bebé

Precioso video en el que Eduardo Punset entrevista a Sue Gerhardt

Para que un bebé sea realmente independiente, debe haber sido primero un bebé dependiente.

Nosotros como adultos hemos aprendido o descubierto maneras de gestionar el estres …. llamamos a un amigo, nos vamos a tomar algo, o nos tomamos una taza de te o un baño caliente, tenemos varias maneras de calmarnos, pero los bebés no, ellos dependen de los adultos para eso. Y a los bebes les resultan estresantes cosas relativamente pequeñas; por ejemplo… para un bebé estar lejos de su cuidador largo tiempo es muy estresante, porque le va en ello la supervivencia, un bebé no sabe si sobrevivirá o no necesita a alguien que le cuide.

Por diversas razones los médicos han subestimado por mucho tiempo la percepción del dolor en los niños pequeños (en el vídeo se explica), esta falsa creencia ha causado en los bebés mucho dolor innecesario, que se ha interpretado como miedo, enfermedad psicológica o simple comedia.

Para seguir viendo el vídeo.

Este es el enlace al vídeo de Redes

La falta de apego entre madres e hijos favorece la obesidad en la adolescencia

Según un estudio publicado en la revista Pediatrics

Investigadores estadounidenses sugieren que en aquellos casos en que el vínculo afectivo se halla debilitado, el riesgo de esta patología es casi el doble.

Un estudio de la Ohio State University, en Estados Unidos, sugiere que la intensidad de la relación madre-hijo puede condicionar el peso de estos últimos durante su adolescencia, tras haber observado que cuanto menos apego tienen a sus progenitoras mayor es su riesgo de obesidad a los 15 años.
En concreto, y según los resultados que publica la edición ‘on-line’ de la revista Pediatrics, el riesgo de obesidad es casi el doble ya que, mientras que uno de cada cuatro niños con bajo apego por sus madres tenía obesidad, apenas el 13% presentaba este exceso de peso si el vínculo era mayor.
Los investigadores analizaron datos de 977 familias participantes en un estudio de atención temprana del niño y desarrollo de la juventud realizado por el Eunice Kennedy Shriver National of Child Health and Human Development.
Todos los niños incluidos en el estudio habían nacido en 1991 y la relación con sus madres se analizó a los 15, 24 y 36 meses de vida. Para esta evaluación, las madres tenían que jugar con sus hijos mientras los investigadores iban clasificando diferentes aspectos de su comportamiento, tales como el apoyo y respeto por la autonomía del menor o determinados signos de control u hostilidad.
Posteriormente, cuando los niños cumplieron 15 años, se les calculó su índice de masa corporal (IMC) a partir de su estatura y peso medio. De este modo, observaron que un total de 241 niños (24,7%) presentaba una relación madre-hijo de baja calidad durante sus primeros años de vida, cuya posterior prevalencia de obesidad en la adolescencia era de un 26,1%.
Según apunta la doctora Sarah Anderson, autora del estudio, esta asociación podría tener un origen cerebral, ya que el área que controla las emociones y las respuestas al estrés, el sistema límbico, es también la que regula el ciclo del sueño, el hambre y la sed, así como una variedad de procesos metabólicos. «Una respuesta al estrés bien regulada podría afectar a cómo comen y duermen los niños, dos factores que influyen directamente en el desarrollo de la obesidad», recuerda esta experta.
Por ello, Anderson y su equipo proponen que las estrategias de prevención del sobrepeso y la obesidad no se centren exclusivamente en la alimentación y la práctica de ejercicio e incluyan también estrategias para mejorar el vínculo madre-hijo. «Se deben mejorar los lazos afectivos entre madres e hijos en lugar de centrarse sólo en la ingesta de alimentos», advierte.
Extracto en Pediatrics 
Publicado en  Jano.es