La necesidad de proteger la lactancia materna y los riesgos de no hacerlo


El amamantamiento es la forma natural de alimentación de los lactantes y niños pequeños. La lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y complementada con otros alimentos sanos, seguros y apropiados, a partir de entonces y hasta al menos el tercer año de la vida, asegura el óptimo crecimiento, desarrollo y salud. Después, el amamantamiento junto a la adecuada alimentación complementaria puede seguir contribuyendo al crecimiento, desarrollo y salud del lactante y del niño pequeño. El Plan de Acción Europeo para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna en Europa reconoce el amamantamiento como una prioridad de Salud Pública y junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la alimentación al pecho de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y junto con otros alimentos hasta los dos años de vida o más, según madre e hijo mutuamente deseen.

La alimentación complementaria debe iniciarse alrededor de los 6 meses de vida para complementar la leche materna. No existen datos para recomendar la introducción de alimentos complementarios antes de los seis meses de edad y sin embargo sí hay evidencias de que la introducción temprana de otros alimentos puede tener importantes consecuencias para la salud del lactante.

Los riesgos a los que se somete el lactante que no es amamantado o que abandona la lactancia antes de lo recomendado son múltiples. Entre ellos un mayor riesgo de mortalidad postneonatal durante el primer año de vida, y un mayor riesgo de muerte súbita del lactante. Además el lactante no amamantado presenta más riesgo de sufrir procesos infecciosos sobre todo gastrointestinales, respiratorios y urinarios, y éstos de ser más graves, aumentando el riesgo de hospitalización hasta 10 veces, según los estudios. Más a largo plazo, el haber sido alimentado con sucedáneos de leche materna (leches de fórmula para bebés) aumenta el riesgo de padecer dermatitis atópica, alergia y asma en niños con antecedentes familiares de alergia, disminuye la eficacia de las vacunas, y aumenta el riesgo de padecer enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes mellitus, esclerosis múltiple y cáncer en la edad adulta. Las niñas no amamantadas tienen más riesgo de presentar cáncer de mama en la edad adulta. Varios de los riesgos de la no alimentación al pecho son dosis-dependientes como el riesgo de cáncer de mama, obesidad, enfermedades respiratorias y algunos cánceres. Es decir, cuanto más tiempo se mantiene la alimentación al pecho más disminuye el riesgo.

Los lactantes no amamantados presentan unas puntuaciones peores en los tests cognitivos y menor cociente intelectual y peor agudeza visual, años después de terminar la lactancia. Y se ha relacionado una menor duración de la lactancia materna con la aparición de problemas mentales en los adolescentes. Los niños, jóvenes y adultos no amamantados son menos estables psicológicamente y tienen una mayor incidencia de algunos problemas de salud mental como déficit de atención e hiperactividad, ansiedad y depresión. Esto y la disminución del riesgo de maltrato infantil se asocian al hecho de la alimentación al pecho y no sólo a la diferente composición de la lactancia materna, ya que se relacionan fundamentalmente con el contacto y la interacción que tiene el bebé con su madre durante el acto de amamantar. Por ello algunos de estos efectos beneficiosos no se presentan en los lactantes que sólo reciben leche de su madre en biberón.

Los perjuicios de no amamantar también afectan a la mujer que no amamanta, que presenta mayor riesgo de hemorragia postparto, mayor riesgo de fractura espinal y de cadera postmenopáusica, cáncer de ovario, cáncer de útero y artritis reumatoide. Así como aumento de riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión, ansiedad y depresión.

La sociedad también sufre los perjuicios del no amamantamiento ya que la lactancia artificial supone un aumento de gasto sanitario por la mayor morbilidad asociada (3.6 billones de dólares anuales en EEUU). También, se ha demostrado un aumento de absentismo laboral entre las madres y los padres de lactantes no amamantados, en comparación con los de lactantes amamantados al pecho, no sólo debido a la menor incidencia de enfermedades infantiles sino a la menor incidencia de problemas psicológicos en los progenitores de estos últimos. Dado que la morbilidad de los lactantes y sus madres supone un aumento del absentismo laboral, también las empresas sufren estos efectos. Un estudio comparó el absentismo laboral de las trabajadoras de una empresa con servicio de apoyo a la lactancia materna además de una sala para la extracción y conservación. Los resultados fueron que entre las mujeres con absentismo por causa de enfermedad de su hijo el 75% daba a su bebé leche artificial y sólo el 25% amamantaba.

Y la sociedad en general también sale perjudicada cuando falla la lactancia, ya que se perjudica el medio ambiente, al generar la lactancia artificial más residuos, mayor gasto de agua y electricidad y mayor cantidad de metano atmosférico.

 AEPED

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